martes, 27 de agosto de 2013

¿Qué pasa en Internet en 60 segundos?… ¿y en 24 horas?… Impresionante


Parece que el mundo no se mueve, pero de que termines de leer este post te habrás dado cuenta de gran cantidad de datos, información, comunicaciones… que se generan en tan solo 60 segundos en Internet. ¿Sabías en un minuto se mandan 278.000 tuits en Twitter, que cada segundo se crean 41.000 post en Facebook o que cada minuto se mandan 204 millones de correos electrónicos? Pues bien, estos datos han sido recogidos por Qmee a través de la siguiente infografía y que muestra los sorprendentes datos de las principales plataformas sociales (y otros medios).

Estos son los datos que recoge la infografía y que muestra la actividad de cada plataforma o medio en un minuto:

En Twitter se mandan 278.000 tuits.
En Flickr son vistas 20 millones de fotos.
En Skype hay un total de 1,4 millones de conexiones cada minuto.
En Facebook se crean 41.000 post cada segundo. En un minuto se realizan 1,8 millones de “me gusta” y se crean 350 GB de información.
En YouTube se suben 72 horas de vídeo.
En Google se realizan 2 millones de búsquedas.
En Spotify son añadidas 14 nuevas canciones.
Se registran 70 nuevos dominios.
En iTunes se descargan 15.000 canciones.
En WordPress se escriben 347 post.
Se crean 571 nuevas páginas web.
A través de Walmart se realizan 17.000 transacciones.
En Tumblr aparecen 20.000 fotos nuevas.
Se mandan 204 millones de correos electrónicos.
En Instagram se suben 3.600 fotos cada minuto.
En Pinterest hay 11.000 usuarios activos.
En LinkedIn se realizan 11.000 búsquedas profesionales.
Amazon hace 83.000 $ en ventas.
En Snapchat se comparten 104.000 fotos.
Si miramos estas cifras al cabo de 24 horas el tema se pone mucho más interesante, impresionante y desorbitado. Bienvenidos al mundo de la sobre-información.

En Twitter se mandan más de 400 millones de tuits al día.
En Flickr son vistas 28.800 millones de fotos al día.
En Skype hay más de 2.000 millones de conexiones al día.
En Facebook se crean más de 3.500 millones de post al día, cerca de 2.600 millones de “me gusta” y se crean más de 500.000 GB de información.
En YouTube se suben más de 100.000 horas de vídeo al día.
En Google se realizan cerca de 2.900 millones de búsquedas al día.
En Spotify son añadidas más de 20.000  nuevas canciones al día.
Se registran más de 100.000 nuevos dominios al día.
En iTunes se descargan más de 21 millones de canciones al día.
En WordPress se escriben casi 500.000 post al día.
Se crean más de 800.000 nuevas páginas web al día.
A través de Walmart se realizan más de 24,4 millones de transacciones al día.
En Tumblr aparecen 28,8 millones de fotos nuevas al día.
Se mandan 293.760 millones de correos electrónicos al día.
En Instagram se suben más de 500.000 fotos al día.
En Pinterest hay más de 1,5 millones de usuarios activos al día.
En LinkedIn se realizan más de 1,5 millones de búsquedas profesionales al día.
Amazon hace cerca de 120 millones de $ en ventas al día.
En Snapchat se comparten cerca de 150 millones de fotos al día.

"Julián Marquina"


ANTAVO, la reina de las promociones en Facebook


Las promociones en Facebook – promociones que pueden ir desde sorteos a concursos pasando por otras opciones – son sin duda una de las formas más inteligentes y hasta divertidas de conseguir un mayor ‘engagement’ o ‘involucramiento’ con nuestra comunidad de seguidores, al mismo tiempo que de aumentar el número de fans y publicitar un determinado producto o servicio. Pero no todo es de color de rosa: Facebook tiene unas normas bastante estrictas en lo referente a las promociones, y el ejecutarlas sin tener muy claras cuáles son esas normas y sin las aplicaciones adecuadas puede provocar un aluvión de problemas técnicos y legales que puede conducir en los peores casos hasta el cierre sin previo aviso (¡atención marcas y Pymes!) de nuestra cuenta por saltarnos las reglas consciente o inconscientemente.

A raíz de la publicación de nuestro nuevo libro ‘De Twitter al Cielo‘ en formato digital o EBook la semana pasada, Antavo se ofreció muy amablemente a dejarnos probar su suite de aplicaciones especializadas de forma totalmente gratuita (esta opción siempre está disponible) aunque sin límite de participantes (para las cuentas gratis, el límite es 50) para el sorteo de lanzamiento en una de mis páginas en Facebook. Tenía buenas referencias de Antavo gracias al post que publicara nuestro querido Juan Merodio el año pasado y que sirvió como tarjeta de presentación a la empresa británica en nuestro país. Pero no cabe duda de que la teoría es bastante diferente a la práctica, y al final es sólo ésta última la que nos demuestra la excelencia técnica de un programa o aplicación. Después de la experiencia adquirida la semana pasada, puedo finalmente emitir un veredicto sobre Antavo y la viabilidad de su propuesta.

No cabe duda de que los creadores de Antavo (cuyas oficinas se encuentran bastante cerca de donde trabajé en la City de Londres) han pensado a conciencia en las múltiples variaciones y permutaciones de las promociones en Facebook, y han creado una aplicación que tiene en cuenta todas ellas de una forma cuasi enciclopédica que satisfará a los más exigentes. Por decirlo de otra manera, todos los elementos necesarios para crear una promoción ganadora han sido sistemáticamente incluidos tanto a nivel de opciones como de los pasos necesarios para crear un sorteo y gestionarlo en todas sus fases ante, durante y después. En el proceso, me he encontrado en todo momento con una aplicación robusta técnicamente, fácilmente configurable y que asegura una importante tasa de conversión a pesar de no haber realizado una importante labor de promoción previa para el caso citado de prueba. Con todo y con ello – y tal y como muestra el gráfico de abajo – los resultados obtenidos no son nada desdeñables, especialmente si tenemos en cuenta que se han generado un número considerable de nuevos fans para la página.

Embudo de conversión de nuestra promoción con Antavo

Me gustaría especialmente destacar para las marcas comerciales el hecho de que Antavo está perfectamente integrado con dispositivos móviles y que nos permite exportar la lista final de participantes en la promoción a una base de datos de nuestra elección junto con sus correos electrónicos, ofreciéndonos así la oportunidad de contactarles a posteriori para nuevas promociones y ofertas, etc. La viralización de la iniciativa queda asegurada ya que la propia aplicación requiere la emisión de un tweet o un ‘update’ de Facebook al registrarse, a la vez que el unirse como fan a la página para participar en la promoción o sorteo. Aunque la traducción al castellano no sea ni mucho menos perfecta, es lo suficientemente buena para comprender en todo momento el sentido de lo que está ocurriendo y de la información requerida (que es configurable por nosotros).

Se ha repetido hasta la saciedad que la calidad hay que pagarla, e Internet no es desde luego una excepción. La suite de apps de Antavo no es ni mucho menos barata, pero después de la más que satisfactoria experiencia de la semana pasada no me cabe duda de que es una de las mejores para desempeñar a la perfección el propósito para el que fue creada. Hoy por hoy, no creo exagerar si la defino como la reina de las aplicaciones promocionales en Facebook. con más de 8.000 clientes de todo tipo a sus espaldas. Mi consejo es, por lo tanto, que para todas aquellas personas o marcas para las que Facebook sea un elemento fundamental de su estrategia, la inversión merecerá sin duda la pena. Mi agradecimiento al equipo de Antavo y… ¡larga vida a la reina!

"Oscar Del Santo"



Dibujando el futuro de la web social, parte II


Continuamos con la serie “Dibujando el futuro de la web social”. Tratamos un punto de interés y gran sensibilidad: el control del contenido.

Sigo con la serie Dibujando el futuro de la web social, con el hashtag #FutureWeb, y que llega a su punto y final con este artículo. En el primero, hablamos de varias alternativas al panorama actual de robo de datos personales de forma opaca al cliente, como era la creación de perfiles de usuario o centros de interés gestionados por el usuario, o la delegación de qué datos ofrecer a cambio de un producto. Y en este vamos a hablar de otro concepto que a mi entender resulta necesario para conformar el futuro de un internet hecho para el usuario final: El control del contenido.

Antecedentes del control del contenido
Es un tema del que ya hablamos en la serie de entradas El triunfo de las redes centralizadas sobre las distribuidas I (y II), y que conforme pasa el tiempo, más está presente. La llegada de la web 2.0, venía acompañada de la promesa de libertad y segmentación de la información. Sería una web enfocada al cliente en particular, personalizada, y no genérica como hasta entonces.

Paradógicamente, lo que en un principio se alzaba como el fin de la intermediación (serías tú quien eligiera a quién seguir, qué leer y con quién compartir), fue dando paso a un nuevo paradigma de intermediación, donde era el usuario quien elegía, pero siempre bajo unas directrices estrictas.

El control por tanto volvía a estar en el sistema, que en su día se gestionaba de forma humana (véase redacciones de periódicos o canales de televisión), y que ahora se gestionaba mediante algoritmos de recomendación. Una revolución estéril: Buscamos una solución partiendo de un problema, para llegar a otra solución con el mismo problema.

Y la situación se agrava cuando te das cuenta que buena parte de los movimientos de las grandes empresas de internet viran hacia una estrategia de control absoluto, cerrándose las fronteras los unos a los otros, abandonando protocolos y proyectos open source que en su día les permitieron llegar a lo alto, y dejando de lado a esos desarrolladores externos que apostaron en su momento por ofrecer un activo de valor y enriquecer la experiencia y características de su plataforma.

¿Hay alternativa?
Pues claro que la hay, y pasa por devolver el control del contenido al usuario. La mejor forma que se me ocurre es centralizando el control bajo una plataforma que delegue totalmente en el usuario las labores de gestión, y únicamente se encargue del mantenimiento y el desarrollo de las APIs necesarias para la comunicación con el resto de redes.

El proyecto que más avanzado he visto en referencia a este tema es el de Dropbox y su grafo social distribuido. Aprovechando el potencial de compartir carpetas de este servicio, la idea es que el usuario cree una carpeta pública (o varias), donde volcará aquel contenido (llámase vídeos, textos, podcasts o imágenes), y que sean el resto de plataformas sociales quienes enlacen a esa carpeta.

De esta manera, si por ejemplo deseamos cambiar nuestra foto de perfil, bastaría con volver a subir a esa carpeta la nueva foto y renombrarla como la antigua, y se cambiaría automáticamente en todas las redes donde la estuviéramos usando. O si necesitáramos eliminar un vídeo, bastaría con que el usuario borrase el vídeo de esa carpeta, y el enlace quedaría perdido para siempre en todos los medios donde hubiera sido enlazado.

Esta medida tiene un peligro asociado, y es que en el caso de Dropbox, estaríamos cediendo todo ese contenido a una sola plataforma, que a día de hoy es permisiva con el usuario, pero que no deja de guardar nuestros datos y hacer copias en servidores ajenos a nuestro control. Por lo que lo que propongo es el desarrollo de una plataforma open source en local, aprovechando el ancho de banda y esos ordenadores de casa que tenemos criando polvo para transformarlos en servidores de gestión de contenido, sin intermediarios y sin el peligro asociado a la dependencia de terceros.

Las respuestas podrían ser gestionadas dentro de cada web (o si el proyecto despegara con el apoyo de los grandes, valerse de los perfiles de usuario de los que hablábamos en el anterior artículo), o utilizando para ello una red distribuida cuyo mejor ejemplo podría ser Diaspora (EN), o en el mejor de los casos, gestionado dentro de la misma plataforma, aprovechando el P2P y el espacio del que disponga en su disco duro el usuario.

Una imagen enlazada puede ser copiada y recreada en otro archivo, pero esto es un mal (o bien, según se mire) innato en el mundo digital, y pasa tanto ahora como en el futuro que propongo. Aquí entra en juego el papel de las licencias, y en especial de las licencias open source, unas desconocidas por muchos internautas, y que ofrece un sistema legal (y legítimo) al control de posibles abusos de derechos.

"Pablo Fernández Iglesias"


Cuentas falsas, fraude y futuros disfuncionales




Estuve preparando un poco una entrevista con RTVE para hablar del fenómeno de los seguidores falsos en redes sociales, y más concretamente en Twitter, un tema que ha saltado recientemente a la actualidad con el desarrollo de algunos estudios que tratan de indagar en las dinámicas de este tipo de mercados. El nivel de extensión y desarrollo de este tipo de prácticas resulta sorprendente, pero lo es más aún la carrera paralela entre los que crean cuentas falsas y los que las intentan detectar, o los determinantes de uso para este tipo de servicios.

Un grupo de investigadores de UC Berkeley trabajaron directamente con Twitter para obtener detalles de este tipo de prácticas. Llegaron a gastarse cinco mil dólares en la adquisición de 120.000 cuentas falsas de veintisiete proveedores diferentes a lo largo de diez meses, con un coste de entre $10 y $200 por cada mil cuentas, todo ello supervisado y aprobado por Twitter. La actividad de algunas de esas páginas permite entender claramente las dinámicas de la actividad: las ofertas dan la posibilidad de escoger entre sistemas simples en los que se obtienen seguidores sin ningún tipo de filtro, sin fotografía y con el fondo azul por defecto, hasta otros en los que se entregan seguidores de un país o en un idioma concreto, con fotografía, con biografía, con un fondo diferente, o con un cierto nivel de actividad consistente en algunas actualizaciones o retweets. Puedes comprar simplemente cuentas, seguidores, o incluso servicios que incrementan tu cuenta de seguidores en un número determinado por día. Puedes recurrir a foros oscuros, o comprar en proveedores que ofrecen diversos niveles de garantía y servicio post-venta.

La mayoría de los servicios que pretenden ofrecer un porcentaje de seguidores falsos de una cuenta determinada son profundamente simplistas, basados en métricas tan superficiales como la actividad o el ratio de seguidores/seguidos. Aplicar uno de estos supuestos “monitores” a cualquier cuenta permite comprobar cómo usuarios que no son en absoluto sospechosos de haber comprado seguidores obtienen porcentajes típicamente entre el 10% y el 20%, un procedimiento tan absurdo como lo que supone calificar de robot a cualquier cuenta con un cierto nivel de inactividad, o que únicamente utilice Twitter para seguir a otros y no para crear contenido propio. Interpretar los resultados de ese tipo de tests como fiables supone una simplicidad absoluta y una prueba de que el fenómeno no se ha entendido en absoluto, porque en realidad, la determinación de la falsedad de una cuenta responde a un complejo cálculo de heurísticas que incluye variables de muchos tipos: desde los propios servicios, por ejemplo, se parte de la dirección IP para intentar ver si desde una en concreto se ha creado un número anormal de cuentas – lo que determina que se recurra en muchas ocasiones a botnets para poder abrir cuentas desde ordenadores zombies – y se incluyen variables como el nivel de personalización de la cuenta, el ratio entre seguidores y seguidos, las pautas de publicación y el tipo de contenido distribuido. Además, se utilizan también patrones obtenidos de la observación agregada de muchas cuentas, tales como como patrones reconocibles en los nombres de usuario o en la cuenta de correo electrónico utilizada, la actividad repetitiva o por oleadas, etc.

En paralelo, los proveedores de este tipo de cuentas intentan a su vez superar los mecanismos de comprobación: en el caso de Twitter, las cuentas con correo electrónico verificado alcanzan precios sensiblemente más elevados. En el de Facebook, por ejemplo, el incremento de precio entre mil cuentas no verificadas telefónicamente o ya verificadas puede ir desde los $400 a los $1800. La naturaleza asimétrica de la red hace que en muchas ocasiones interese “madurar” cuentas, desde las que se sigue a muchos usuarios y que incluso se siguen entre sí, dando lugar a redes que resulta muy difícil desentrañar si no se tiene la posibilidad de acceder a una visión agregada.

¿Qué razones alimentan el desarrollo de este mercado negro de cuentas falsas? Además de los propósitos directamente delictivos, como la creación de cuentas para enviar vínculos de malware o de spam, el uso fundamental responde al intento de simular un nivel de relevancia que no se tiene o que no se ha obtenido aún, en esquemas que acomodan desde la más pura vanidad personal hasta objetivos corporativos de entidad más elevada. En muchos casos, hablamos de personas que o bien perciben un beneficio del hecho de aparentar una relevancia mayor de la que tienen, tales como personas con una vertiente pública determinada, políticos, etc., o usuarios que acceden a Twitter y necesitan generar una dinámica de crecimiento elevada, que puede resultar difícil o más lento obtener si parten de un número reducido. En otros casos podemos hablar de un “uso inverso”: comprar followers para una empresa o un candidato rival, para posteriormente exponer el esquema y caracterizarlo como fraude. El mismo esquema se utiliza en YouTube, donde el número de visualizaciones se utiliza como invariable espaldarazo de popularidad y eso lleva a que aparezcan servicios que venden cinco mil “visualizaciones” por diez o quince dólares. Aproximaciones como la de Klout, que deriva indicadores de relevancia no solo de la actividad de una cuenta, sino del nivel de respuesta generada entre aquellos que la siguen expresada en variables como respuestas, retweets o favoritos, dan lugar a un entendimiento muy superior de este mercado y de las dinámicas que lo sostienen.

¿Puede justificarse el uso de esquemas de compra de followers en algún tipo de estrategia? En principio, la sola mención del recurso a un sistema de este tipo por parte de cualquier tipo de agencia, asesor o “experto” debería ser suficiente como para que dejásemos de utilizar sus servicios y saliésemos por la puerta de sus oficinas sin intención alguna de volver a entrar. Aunque un crecimiento de followers determinado pueda supuestamente servir para estimular la visibilidad de una cuenta recién creada o para “prender la mecha” en determinadas pautas virales, el uso de ese recurso no solo suele ser relativamente fácil de detectar y de exponer, sino que, además, suele generar una dinámica equivocada y poco sostenible, un atajo que puede fácilmente terminar por salir caro, y que no define a un “listo”, sino sencillamente a un sinvergüenza. Que un fraude afecte a variables que una parte de la sociedad no es aún capaz de entender no lo convierte en menos fraudulento, y debe ser utilizado para definir con claridad una categoría moral.

Sin embargo, el mercado de followers falsos no solo no parece estar en recesión, sino que manifiesta unas características de estabilidad notables, una elevada resiliencia a las nuevas medidas desarrolladas por las redes sociales, y esquemas razonablemente lucrativos. ¿Llegaremos a un futuro en el que robots con programas sofisticados desarrollen identidades ficticias completas que simulen personas reales, con actividades que siguen gustos, dinámicas y sesgos propios? ¿Un ejército de perfiles falsos con vidas virtuales propias que siguen comportamientos sociales subastados al mejor postor, y que lleguen a resultar verdaderamente difíciles de diferenciar de un perfil de una persona real? La idea resulta como mínimo provocativa, digna de un libro de Philip K. Dick llevado a un escenario virtual: en muchos sentidos, el desarrollo de las heurísticas utilizadas para diferenciar cuentas reales de ficticias supone un paralelismo casi perfecto con el test Voight-Kampff  utilizado en Blade Runner para diferenciar a las personas de los robots, y las “mejoras” progresivas introducidas en ese mercado negro de perfiles falsos sugiere una posible evolución de este tipo. ¿Vamos de verdad hacia un futuro repleto de “replicantes” sociales que inician supuestas tendencias y fenómenos virales variados en función de intereses comerciales para que grupos determinados de humanos los sigan como borregos?

"Enrique Dans"

Dibujando el futuro de la web social, parte I


En un momento en que la seguridad y la privacidad de nuestros datos en Internet están en tela de juicio, conviene plantear un cambio de modelo.

Como ya adelantaba en la entrevista que Telefónica me hacía hace unos días a razón de SecTrip (ES), la startup que presenté para el programa Talentum Startups Short Track, tenía en mente trasladaros algunas consideraciones en torno al futuro de la web social que estoy desarrollando con vistas a un próximo proyecto, y con la idea de que entre todos perfilemos cómo nos gustaría que fuera el Internet del mañana. Trataremos principalmente dos puntos en una serie de dos posts debido a las amplias ramificaciones del tema.

En esta primera entrada de la serie #FutureWeb, quería hablaros de un tema que sé que a muchos de vosotros (como a un servidor) os preocupa, el de la privacidad, y cómo es necesario reescribir el paradigma de la comunicación en la red de redes para que este valor se anteponga al negocio y el interés comercial.

Antecedentes: Nuestros datos, comprometidos
La mala gestión de la privacidad en los servicios de internet es un hecho inalienable. Podríamos hablar de Google y esa centralización de datos que desde hace algo más de un año nos obliga a ceder información personal al resto de servicios de la compañía, aunque no los usemos, o Facebook, y su clara predisposición a monetizar mediante publicidad todo lo que pasa por sus servidores, pero en definitiva es una constante de la amplia mayoría de servicios en el tercer entorno.

Y tiene connotaciones realmente opuestas al rumbo que debería seguir internet, cuando política de privacidad tras política de privacidad nos encontramos con una verdadera arquitectura desarrollada para favorecer el hurto de datos personales. Karsten Gerloff, presidente de la Fundación de Software Libre de Europa (FSFE), hablaba sobre ello recientemente a raíz de su participación en el Euskal Encounter (ES). La mayoría de medios se hicieron eco de esa frase diseñada para acaparar portadas: “A Facebook le quedan 3 años, y a Google entre 5 y 10“, pero obviaron el resto de discurso, centrado justo en este tema, y que viene como anillo al dedo para introducirlo: “Facebook define quiénes somos, Amazon establece lo que queremos y Google determina lo que pensamos”.

Un sistema creado para robar información de los usuarios, y venderla al mejor postor. Un espejismo de trasparencia, donde en ningún momento el usuario tiene control sobre los datos que está cediendo, y que precisamente juega con el desconocimiento para seguir funcionando.

La gota que colma el vaso viene de la mano de los gobiernos de medio mundo, liderados por EEUU y su querida NSA, que aún destapada toda esta red de espionaje mundial, sigue funcionando con las excusas de siempre “la lucha contra el terrorismo” y “si te preocupa, es que tienes algo que ocultar“.

¿Hay alternativa?
La hay, y es precisamente de lo que quería hablaros. La sociedad tiene en buena consideración la transparencia. Nos da confianza, y tendemos a agradecerlo colaborando con que siga tal cual. Frente a este panorama de verdades a medias, y de funcionamiento por oscurantismo, un servidor propone justamente lo contrario: Que sea el usuario quien decida qué datos ofrece y cuáles no.

Hay muchos porqués en los que un usuario querría que x dato fuera a parar a manos de terceros. No creo que haya nadie por aquí que siga pensando que un servicio gratuito es gratuito de verdad. Sabemos que estamos pagando con algo (no es dinero, pero serán datos, o reputación, o difusión,…). Pero lo que es inaceptable es que este pago se haga de puertas para adentro, sin que seamos nosotros quien decida con qué pagar. Extrapolándolo a la compra con dinero, sería lo mismo que si para pagar por un artículo, diéramos nuestra cartera y fuera el dependiente quien cogiera el dinero que le pareciera oportuno.

Tenemos ejemplos que empiezan a despegar, como Reputation.com (ES), que aprovecha el interés del usuario en obtener descuentos para que pague por ellos con datos personales. De esta manera, la decisión de qué datos ceder es únicamente del usuario. La cartera vuelve a manos de su dueño, que es quien saca el dinero.

El siguiente paso, y que a mi punto de vista debería terminar por ser una constante, es la sistematización de este nuevo modelo de negocio mediante perfiles de datos personales. Quizás en este apartado quien lleva la delantera sea Mozilla con Up the People (EN), que aprovecha el potencial de las cookies y la configuración de su navegador Firefox para que el usuario cree centros de interés, de tal manera que una web consultaría esos intereses, y ofrecería información (o publicidad) según los gustos del usuario. Personalización sin tener por ello que robar al cliente.

En la segunda entrada os hablaré del otro punto a considerar: Una vez los datos personales sean nuevamente de dominio personal, el siguiente frente será el contenido que compartimos, centralizado bajo nuestro control, y enlazado por el resto de servicios de forma distribuida.

Para terminar, me gustaría que todos dieseis vuestro punto de vista, y ofreciérais alternativas que os gustaría ver en el Internet del mañana. Estoy en conversación con varios frentes con el fin de estudiar la viabilidad de un proyecto de tal envergadura (colaboraciones, infraestructura, financiación), y del bidireccionamiento que obtenga al respecto dependerá en buena medida el desarrollo del proyecto.

"Pablo Fernández Iglesias"


Sufrir lo que nuestros seres queridos sufren: cada vez más conectados



Sabemos que la empatía es el cemento que construye lo que llamamos sociedad (Rifkin nos hablaría hace un tiempo de Civilización empática, aquí también hemos desarrollado el tema).

Lo que se discute a veces es si es real o si cuando ayudamos a alguien`no lo hacemos  de forma altruista sino que estamos esperando reciprocidad, directa en la propia persona que algún día podrá devolvernos el favor o secundaria, de modo que alguien de la misma comunidad nos ayude también en un futuro. El reconocimiento social, veíamos también al hablar de donaciones e insignias en Facebook, podría ser una forma de este segundo tipo de cooperación no altruista, interesada.

La investigación que quiero presentaros hoy se une a las muchas que hemos dejado antes aquí, sobre neuronas espejo, oxitocina, cooperación a edades tempranas, etc. y hubiese figurado sin duda entre las que se detallan en Socionomía. Firmada por Beckes et al., 2013, Se trata de la monitorización de los cerebros de los participantes ante el visionado de una serie de ‘X’s y ‘O’s en una pantalla. Cuando aparecía una X había un 17% de probabilidades de recibir una descarga eléctrica suave, mientras que cuando aparecía una O se estaba a salvo.

Lógicamente los escáneres mostraban que cuando existía una oportunidad de recibir un shock se activaban en mayor medida las partes del cerebro relacionadas con las amenazas. Hasta aquí todo normal…

El hallazgo surge cuando observamos la actividad por parejas: cuando los participantes agarran la mano de un amigo cercano y es este el que va a recibir la descarga, se produce una actividad cerebral prácticamente idéntica.

El tema resulta más interesante aún si profundizamos un poco… cuanto más cercana es la persona, cuanto mayor es el vínculo emocional entre los miembros de la díada, más similar es la respuesta en ambos cerebros.

Se había comprobado en parejas (Coan et al., 2006) pero se ha observado también con gente con la que no se tiene un vínculo tan intenso. El escaner parece poder medir la intensidad del vínculo: cuando la mano que se coge es la de una persona cercana el área del cerebro relacionada con la amenaza se activa en mayor medida, con más intensidad. Podriamos llegar a medir incluso la salud de la relación: cuanto más unidos están los miembros de la pareja, mayor es el efecto positivo de cogerse las manos.

De alguna forma, comentan los autores de los estudios, la gente cercana forma parte de nosotros mismos, nos sentimos amenazados cuando alguien cercano lo está pero no cuando es un extraño quien está en la misma situación.

En fin… volviendo un poco a nuestros temas de siempre, si en Internet ampliamos el número de personas a las que nos une un vínculo, por débil que este sea, si como hemos dicho en alguna que otra metáfora “vivimos en un nosotros cada vez más grande”, creo que resulta inevitable llegar a la conclusión de que estamos construyendo una sociedad más empática, un mundo, en definitiva, mejor.

"Dolors Reig"

¿Sirven para vender las redes sociales?


A raíz de los comentarios que surgieron a raíz del anterior post (cómo medir el ROI en una estrategia en social media) con Eva María Vaquerizo y Juan Luis Mora en los que hablábamos de casos en los que las redes sociales habían mejorado en ventas a otros canales de venta “directa” como SEM, se me ocurrió este post.

En anteriores post he defendido que no podemos comparar en niveles de venta canales de captación directa, con un canal de recomendación como son las redes sociales. Que no podíamos comparar peras con manzanas.

Qué se puede vender a través de las redes sociales está claro, que no venden tanto (al menos directamente) como otros canales, también.

La propensión a venta varía en función del canal que usemos
Pero si pensamos en esas ventas que conseguimos a través de redes sociales, tenemos que tener en cuenta que la propensión a la venta, será mayor o menor, en función del producto que ofrezcamos.

Pongo un ejemplo extremo: no es lo mismo ofrecer en Facebook una barra de pan, que promocionar un curso de formación.

Uno es un producto commodity que compramos por conveniencia, casi sin pensar, y el otro requiere un mayor estudio, consultas, recomendaciones de exalumnos,…

Tienen procesos de compra y tiempos de decisión totalmente diferentes. Para el primero funcionaría mejor SEM y para el segundo las redes sociales serán un gran apoyo en ese proceso de decisión.

No estoy diciendo que a partir de ahora la formación se venda solo a través de redes sociales, ni mucho menos. Pero si que los medios sociales deben ser uno de los canales principales para los centros de formación.

Hace unos días estuve dando una charla en la UPV de Bilbao, y casi la totalidad de los alumnos había conocido el curso a través de redes sociales. Sólo 2 personas de más de 100 habían visto el curso a través de SEM.

Nada mejor que un ejemplo real.

Entonces, ¿podemos vender a través de las redes sociales?
Cómo conclusión podemos decir que las redes sociales son un canal perfecto para acompañar al cliente desde que conoce la marca/producto hasta que se hace fan (por este motivo la recomiendo medir el ROI teniendo en cuenta todo el camino), pero que a la hora de recomendar, de empujar ventas, son más efectivas con productos cuyo proceso de venta sea más largo y requieran mayor refuerzo de recomendaciones, engagement, etc.

¿Quiere decir que las empresas que ofrezcan productos de venta impulsiva no pueden vender en redes sociales? No, quiere decir que estas empresas deben centrar sus esfuerzos (objetivos) más en construir relaciones, generar engagement, etc. y menos en hacer promociones.

En ambos casos deberán usar como canales de captación, aquellos que son más adecuados para cerrar ventas.

Algo obvio, pero que muchas empresas no tienen presente a la hora de enfocar sus estrategias.



La imagen que acompaña al post en la home es de ringoc2